La alta frecuencia de disfagia exige nuevas formas farmacéuticas

La alta frecuencia de problemas de disfagia y la escasa disponibilidad de presentaciones orales líquidas, parches o supositorios implica que triturar comprimidos y abrir cápsulas es una práctica habitual, especialmente en la atención a ancianos institucionalizados.

Los mayores representan el 20 por ciento de la población, pero toman el 50 por ciento de los medicamentos de prescripción. Por este motivo, un artículo publicado en la revista de información farmacoterapéutica Australian Prescriber advierte de que el impacto clínico y legal de alterar los medicamentos que recibe esta población requiere una atención cuidadosa.

Los autores señalan que hasta un 20 por ciento de los mayores presentan problemas de disfagia. Aunque no hay datos claros de prevalencia, los estudios apuntan a que afecta a un 11 por ciento de ancianos no institucionalizados, un 25 de hospitalizados y un 55 en centros sociosanitarios. En el caso de los enfermos de Alzheimer, la prevalencia roza el 85 por ciento, y en el Parkinson, entre el 35 y el 45.

Pero lo llamativo es que se estima que hasta un 25 por ciento de mayores institucionalizados rechaza el tratamiento por problemas de deglución, coinciden María Perelló, responsable del Centro de Información del Medicamento (CIM) del Colegio de Farmacéuticos (COF) de Barcelona, y Pilar Labat, vocal de Alimentación del COF de Zaragoza.

La manipulación incorrecta de formas farmacéuticas sólidas (fragmentación y sobre todo trituración de comprimidos y vaciamiento de cápsulas) puede llevar a que los medicamentos “no mantengan su eficacia y resulten incluso peligrosos”, expone Perelló.

Los riesgos de una mala manipulación
“Una forma sólida de administración oral es mucho más que un envoltorio que sirve de contenedor para administrar un principio activo”, recuerda Labat. Entre sus funciones está que el principio activo llegue en condiciones óptimas hasta el lugar de absorción sin afectar al sistema digestivo, evitar el contacto con la atmósfera y, en el caso de las formas de liberación modificada, que se libere en las cantidades adecuadas en el tiempo establecido.

El artículo hace hincapié en los riesgos de triturar los fármacos de liberación retardada, y en concreto con los opioides, que puede conllevar a una liberación inmediata de dosis y a un aumento de la toxicidad.

También debe evitarse con los medicamentos con cubierta entérica, ya que se puede elevar la toxicidad digestiva y se puede inactivar el medicamento si es susceptible a la degradación ácida.

Pero abrir cápsulas o machacar comprimidos también implica riesgos con formas farmacéuticas más sencillas, observa Arantza Viamonte, del CIM del COF de Navarra. Alterar recubrimientos que sirven para enmascarar sabores u olores desagradables puede conducir a falta de adherencia o supone eliminar la protección que acompañaba a principios activos fotosensibles o sensibles a la humedad; además de que puede ser peligroso para quien lo manipula, en el caso de fármacos como citostáticos u hormonas, y en el proceso de trituración puede producirse una pérdida de dosis.

Muchos fármacos sin adaptaciones
Son muchos los medicamentos que presentan problemas a los pacientes con disfagia, apunta Viamonte, que destaca un trabajo publicado en 2014 en el boletín de información farmacoterapéutica del COF de Navarra, firmado por Mª Pilar Ardanaz con el título Formas sólidas de administración oral: ¿se pueden abrir, partir, triturar…? , que establece recomendaciones para un amplio listado de medicamentos.

Para Rosa López Mongil, vicesecretaria de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), y Ana Rodríguez Sampedro, coordinadora del Grupo de Nutrición y Digestivo de la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (Sefac), los principales problemas se encuentran con los tratamientos para enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión, el colesterol o la hiperuricemia.

“La mayoría de los de uso común, como antibióticos, antiinflamatorios y analgésicos entre otros, suelen tener alternativas en forma de jarabes, polvos e inyectables”, afirma Rodríguez Sampedro.

Disfagia a líquidos, sólidos o mixta
Aunque el artículo australiano habla sobre la manipulación de formas sólidas, la experta de Sefac aclara que también existe disfagia a líquidos, en cuyo caso se pueden administrar cápsulas o comprimidos con un poco de agua.

Entre las opciones disponibles para los pacientes con disfagia a sólidos pueden estar las presentaciones en comprimidos efervescentes. En este caso, “se recomienda dejar pasar un tiempo hasta que las burbujas desaparezcan ya que podrían provocar tos y agravar la disfagia”, asegura Rodríguez Sampedro.

Si se trata de una disfagia mixta, “la medicación se debe administrar en texturas semisólidas, ya que mejora la deglución”, concluye la farmacéutica.

Medicamentos que provocan disfagia
Otra cuestión a tener en cuenta a la hora de abordar el tratamiento en el paciente con disfagia es valorar el papel que puedan estar jugando los propios medicamentos, añade López Mongil. Entre los fármacos que pueden favorecerla están los calcioantagonistas para la hipertensión, y el amplio abanico de anticolinérgicos, que producen xerostomía, y se usan en una variedad de indicaciones como la ansiedad y el insomnio, la incontinencia urinaria o la bronquitis.

La geriatra lamenta que la industria farmacéutica no preste una mayor atención a adaptar las presentaciones para personas con disfagia “dado que es un problema extraordinariamente frecuente y que va en aumento con el envejecimiento de la población”. Y agrega que no se considera un síndrome ligado a la edad, “sino que las personas mayores tienen una gran frecuencia de enfermedades que son causa de disfagia, como las neurodegenerativas o los accidentes cerebrovasculares que no siempre están bien diagnosticados”.

Fuente: Correo Farmacéutico

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